Archivo de enero, 2010

enero 15, 2010

Errores que cometo

He repetido hasta la saciedad que no hay un embarazo igual y que cada niño es un mundo. En mi caso, es totalmente así. Mis dos hijos no pueden ser más diferentes, o al menos, esa impresión tenemos el padre de las criaturas y yo.

Y por tanto, en su educación, trato o como queráis llamarlo, lo estamos haciendo también muy diferente.

Con Carlos estamos cometiendo todo lo que en los libros y revistas ponen que no hay que hacer con el niño. Me explico. No es que seamos unos irresponsables y no cuidemos de nuestro hijo. No. Pero sí estamos en cierta medida ¿malcriándolo? No sabemos si es porque el niño es más movido que su hermana o porque nos ha pillado más mayores (sólo 3 años, pero cada día cuenta 😉  ) o que ahora estamos más torpes o lentos. No sabemos, el caso es que el niño hace de nosotros lo que quiere.

Os cuento algún ejemplo para que me entendáis. No sé en qué punto de su breve pero intensa vida le acostumbramos a dormirle en la hamaquita mientras yo, su agotada madre, le daba una mano e intentaba cenar con la otra. Al ser el segundo hijo, el poco rato que me quedaba para descansar al finalizar el día y tras acostar a Ana en su cama , no me apetecía mucho estar levántandome mil veces del sofá a consolar a dos enanos. Como Carlos se quedaba ko en la hamaquita en dos segundos tras su toma de pecho o biberón, no nos preocupábamos de cambiarle a su cuarto hasta que no s íbamos a la cama.

Ahora que Carlos ya tiene casi 10 meses, me he dado cuenta de que no debe dormirse en la hamaquita, no es normal… Creo que debo acostarlo en su cuna y acostumbrarle a dormirse en ella. Pero claro, él dice que de eso nada y cada vez que lo intento, monta unos números que ni os cuento. Y yo que soy una blanda y no puedo escucharle llorar más de dos minutos seguidos, voy corriendo a darle consuelo y termino cogiéndolo en brazos. Otro error.

bebe-en-la-camaAsí no hago carrera, lo sé. No sé cómo lo voy a hacer, pero tengo que lograr que Carlos aprenda a dormise solo porque no podemos estar siempre con él dándole la mano, ya sea en su cuna o en la hamaquita cada vez que tenga sueño.

Por otro lado, a Ana no la metí en mi cama de madrugada jamás. Cuando se despertaba en mitad de la noche, su padre o yo nos levantábamos, la calmábamos y la volvíamos a dejar en su cunita y ella se quedaba plácidamente dormida.

Con Carlos esto tampoco lo estamos haciendo bien. Cuando se despierta por la noche, no hay manera de  volverle a dejar en la cuna. Es calmarle, creer que le has dormido y en cuanto pones un pie fuera de su habitación, el enano se pone a llorar con una potencia de voz que el vecindario al completo se debe acordar de toda nuestra familia. Hay noches, que como estoy tan agotada, me siento incapaz de estar allí interminables minutos medio “grogui” hasta que él caiga profundamente dormido. En esos momentos, no me lo pienso dos veces y lo meto conmigo en mi cama. No hace falta decir que el niño se queda encantado y se duerme en menos de 5 segundos.

A Carlos le cojo en brazos muchísimo más que a Ana. De hecho, creo que he desarrollado unos músculos en el brazo propios de un descargador de muelles por llevar siempre encima al enano que ya pesa un quintal. Aunque a veces, también tengo la sensación de ser una madre gorila todo el día con su cría encima.

¿Por qué cometo estos errores que con mi primera hija no cometí?  Supongo que es porque veo que el tiempo pasa muy rápido y que como no tengo pensado tener otro hijo, quiero disfrutar al máximo de Carlos el tiempo que sea un bebé, aunque sepa que no hago lo correcto.

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