agosto 13, 2009

Se me cae la baba

Sí­. Rotudamente sí­ y no pienso dismularlo o negarlo. Se me cae la baba de manera exagerada. Desde que he vuelto al trabajo, intento pasar todo el tiempo que me queda con los niños. Sobre todo con Carlos, que lógicamente es el que ahora, másme necesita, o eso me creo yo.

Cada día, cuando vuelvo del trabajo y abro la puerta de casa estoy deseando ver a mi niña correr hacia mí­ gritando “¡mami, ya estás aquí­!” y escuchar un gritito agudo muy alegre. Es Carlos, que en cuanto escucha mi voz, se pone todo contento…. y yo, ni os cuento, claro. Cuando logro llegar al salón con Ana en brazos que ya pesa lo suyo, ahí­ está mi niño, mirándome con ojos de enamorado dando patadas al aire a una velocidad supersónica. No puedo evitarlo, me pongo toda feliz y orgullosa. de ser yo el motivo de tanta fiesta….

bebe.jpgSé que con su padre están igual de bien que conmigo, de eso no hay duda. Pero es que madre sólo hay una… y Carlos parece saberlo. En cuanto me pierde de vista porque me he ido a cambiarme, él comienza a emitir sonidos tipo gruñidos y chillar. Sé que lo hace por mí­, porque en cuanto me vuelvo a poner en su campo de visión, deja de hacerlo y se queda tan tranquilo sonriendo de oreja a oreja.

Con Ana todo pasó tan rápido que no quiero que se repita con Carlos. A él pienso cogerle todo lo que me apetezca sin temor a “que se acostumbre”y pienso dormirlo en brazos si me apetece. Y es que cuando he querido darme cuenta, mi hija ya es una princesita de 3 años que nunca volverá a ser bebé. Así que a Carlos le tocará “soportar” todos los achuchones que quizás por ser algo más estricta no le di a ella siendo más pequeña. No es que no le hayamos dado todo el amor y cariño del mundo, espero que no me entendais mal… pero sí es cierto que quizás estaba más agobiada en pensar todo ochenta veces y el tiempo se escapaba sin darnos cuenta de que cada momento es único y los niños crecen demasiado rápido.

No me quiero poner en plan “abuela cebolleta” así que os diré que entre los avances de Carlos están que ya tiene casi dominado el control sobre sus manos: todo lo que pasa delante de sus narices lo coge al vuelo, le encanta tirarme del pelo cuando me agacho a cogerlo o le tengo en brazos y se sigue riendo a carcajadas en cuanto le decimos cualquier cosa.

Rueda sin parar así que en cuanto nos descuidamos un par de minutos, ahí está Carlos totalmente encajonado contra una silla del comedor o un mueble poniendo cara rara como pensando “¿Qué está pasando aquí que no me puedo mover más en esa dirección?”. Está para comérselo… ¿Qué os voy a decir yo que que soy su madre?

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